Giraluna

Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño.
Andrés Eloy Blanco

Había una vez un inmenso campo de girasoles, que crecían y crecían, amarillos, amarillísimos. Siempre giraban, sin perder de vista al sol. Pero entre tantos girasoles ambiciosos, había uno distinto. Cada noche, una detrás de otra, cuando sus hermanos girasoles dormían y el sol caía, este girasol contrariando la ley de su campo inmenso de dorados pétalos salía a contemplar la luna. A mirarla. Embelezado, erguido, rebelde, cada noche, cuando el resto del mundo dormía, orgulloso de echar un vistazo a lo que no veían sus hermanos mirasoles, jurándole amor eterno, como los boleros. Así se pasaba sus días, velado y desvelado por ella, cada noche. Una de tantas, cuando la luna recorría con su manto de luz el campo, miro sorprendida a ese único girasol radiante que la contemplaba. A ese girasol altivo, impertinente, huérfano. Y cuando su curiosidad se hizo risueña, la luna, autentica y mágica, se posó redonda e inmensa, blanquecina, sobre el diminuto enamorado. Giro sobre su propio eje y, maravillosamente, en instante sublime, le regalo a su nocturno amigo su otra cara, su cara oculta. Secreto de dos, fue la recompensa para sus largas noches de sueños y utopías, en ese mar de girasoles. Por tener fe. Por no perder nunca la curiosidad. Y por tener criterio propio.

Me rondaba la explicación de una canción homónima de Luis Eduardo Aute (cuyo estribillo dice: "pero yo que no pretendo fortalezas ni fortuna, sólo un sueño soñaría: entre un mar de girasoles, buscaría un Giraluna, que velara y desvelara, cada noche la otra cara de la luna") y como siempre me pareció fantástica cualquier parodia de seres imaginarios y subversivos de lo establecido (cual cronopios de Cortazar), me salio de un rapto robado y malintencionado este tomar partido (y reivindicar), aunque más no sea en versos, por las caprichosas estelas de nocturnidad y disidencia con que los sospecho. La frase inicial es de un cuento de Eduardo Gudiño Kieffer. La fascinación por los Giralunas se la debo a la querida Cumaná y a Andrés Eloy Blanco.

1 comentario:

SPAWN dijo...

Por favor te pido que por lo menos tengas la descencia de colocar mis créditos en la imagen ya que no te has tomado la molestia de pedir permiso para usarla
Marco V. Garzón M.