Geronimo

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Miguel Hernandez

Idea al revés: mandar obedeciendo

“Para ellos, nuestras historias son mitos,
nuestras doctrinas son leyendas,
nuestra ciencia es magia,
nuestras creencias son supersticiones,
nuestro arte es artesanía,
nuestros juegos, danzas y vestidos son folklore,
nuestro gobierno es anarquía,
nuestra lengua es dialecto,
nuestro amor es pecado y bajeza,
nuestro andar es arrastrarse,
nuestro tamaño es pequeño,
nuestro físico es feo,
nuestro modo es incomprensible.”
Subcomandante Marcos

La democracia es obediencia al único que tiene el poder, que es la comunidad política, el pueblo. Sin perjuicio del problema de arranque que tenemos en definir cuál es la comunidad política adecuada en proximidad y alcance, ligada a aspectos del derecho a decidir y de la libre determinación de los pueblos que motivan investigaciones separadas y amplias, resulta interesante observar la construcción filosófica de lo que los zapatistas mexicanos (aunque no sólo ellos) han llamado “el mandar obedeciendo”. Como sabemos, la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 1º de enero de 1994, más allá de los acertados debates respecto a la vía pacifica (o violenta) del acceso al poder, comenzó a (re)plantear nuevas problemáticas ligadas no tanto a su aparición en sí (a paganismos de remera, rebeldía y revolución), sino más bien a aspectos (antes injustamente obviados) que hasta esos días comenzaron a ser tomadas en cuenta. La reflexión sobre la política electoral, sobre la multiculturalidad, sobre la diversidad, sobre el autogobierno de la vida colectiva, es decir, sobre las otredades que pueblan el mundo, cobraron mayor impulso desde esta aparición casi cuentista del movimiento zapatista, catalogado como iniciador de la lucha contra la globalización neoliberal (globalifobia). De hecho, el zapatismo (o neo-zapatismo) nos ayuda – como dice Pineda Ramírez – “a pensar al revés”, lo que nunca estimo malo. Es, en sus palabras, y en muchas formas, una revolución al revés (“Es un ejército que no usa sus armas. Son revolucionarios que hablan de amor. Son una forma de hacer política que no busca tomar el poder. Son unos indígenas pobres, no una vanguardia ilustrada cuyo programa, liderazgo y carisma haya que seguir ciegamente”). Ahora bien, lo que queremos destacar en esta entrada es el concepto de “mandar obedeciendo” como lección (y aporte) político del zapatismo al debate analizado en este artículo (o extracto de él) de Abraham A. Rasgado González, donde se pone de manifiesto que más importante que quien esté en el poder es que quien está en el poder, mande, pero mande obedeciendo, en contradicción con esa idea providencial y heroica de la toma del poder. Como refiere Pineda Ramírez, “El camino de la transformación o del derrumbe del capitalismo es una gran odisea, casi siempre encabezada por un héroe, llena de dolor y sufrimiento en donde al final del camino, la victoria, es decir, la toma del poder es la gran llegada, el gran día, el momento en que se bifurca la historia en dos grandes etapas. En un antes y en un después. A partir de ahí, y SOLO a partir de ahí, la historia y el hombre empezaban a cambiar. Es lo que Immanuel Wallerstein llama la estrategia de dos pasos: tomar el poder y después, y sólo después, cambiar al mundo. La estrategia de los movimientos de resistencia giraba alrededor de esta ruta. Era una estrategia digamos, estadocéntrica” (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=3047). Esta fórmula de democracia formal y real básica pero auténticamente revolucionaria en el prisma de nuestra visión de mundo casi occidental significa también la subordinación del Estado a los pueblos. Implica una democratización cada vez más profunda y el correspondiente proceso de devolución progresiva de las funciones usurpadas por el Estado Nación a la sociedad misma. No hay que tomar el poder, sino construirlo. No hay que tomar el sistema por asalto, hay que (de)construirlo y en ese proceso experimentar, diseñar, soñar, un sistema alternativo. De nuevo, bien zapatista, es conocer e invitar a pensar, una idea al revés.