Los 30 años de la democracia argentina ensayan reflexiones. Como la que organizó pasados días la Asociación de Abogados del Sur, que participamos, que fue muy rica. Tratando de observar su análisis, creemos que la misma no puede pensarse sin un debido análisis de su propia evolución e involución, de sus marchas y contramarchas, a la largo de la historia del siglo XX pero, sobre todo, no puede intentar considerarse a sí misma sin un desarrollo de los caracteres del proyecto alfonsinista de la generación de 1983, con todo lo que ese ideal socio cultural y político vino a inaugurar en la cultura política argentina, muchos de los cuales nos acompañan, fundantes, hasta nuestros días. Y se resumen en una fuerte defensa de la democracia como forma de gobierno y la idea de que la misma sólo ha de realizarse cuando lo institucional o formal va acompañado además por una idea de justicia social. Ahora bien, sabemos que la estrategia de Alfonsín se sintetizó en un trípode conceptual constituido por la idea de democracia participativa, ética de la solidaridad y modernización, tres ideas o conceptos que se observan en ese maravilloso Discurso de Parque Norte del 1 de diciembre de 1985, con sus caracteres prometéicos e iniciáticos respecto del ejercicio de la democracia. En primer lugar porque buscó regenerar la idea del origen y legitimidad del ejercicio del poder en la voluntad de las mayorías – cual ruptura y punto de frontera respecto al proceso de la Dictadura militar – y, en segundo lugar, porque atribuyó un valor medular a la tolerancia frente a las diferencias y el respeto intrínseco a los procedimientos institucionales. Y por último, porque estableció creativamente un nuevo vínculo entre gobernantes-gobernados y Estado de Derecho-Constitución. Corolario de todo lo mencionado, claro está, representa (re)preguntarse si muchas de las ideas allí plasmadas lograron cristalizarse con el tiempo, determinando, sobre todo y desde el punto de vista político, cuáles de los procesos superados y no superados de la democracia nacida y pensada en 1983, en el referido proyecto alfonsinista, pueden encauzarnos en un análisis de lo que falta conseguir, es decir, en el advenimiento de una suerte de nueva concepción de frontera, que configure (también) al mismo tiempo una ruptura con lo malo del presente y una proyección con lo bueno del porvenir. En esa clave se observa este trabajo de Atilio Boron, de los pocos que analizan ese Discurso de Parque Norte que merece mayores exámenes en clave actual, titulado “Los dilemas de la modernización y los sujetos de la democracia”. 28 años y dilemas después y 30 de democracia recuperada.28 y 30 años
Los 30 años de la democracia argentina ensayan reflexiones. Como la que organizó pasados días la Asociación de Abogados del Sur, que participamos, que fue muy rica. Tratando de observar su análisis, creemos que la misma no puede pensarse sin un debido análisis de su propia evolución e involución, de sus marchas y contramarchas, a la largo de la historia del siglo XX pero, sobre todo, no puede intentar considerarse a sí misma sin un desarrollo de los caracteres del proyecto alfonsinista de la generación de 1983, con todo lo que ese ideal socio cultural y político vino a inaugurar en la cultura política argentina, muchos de los cuales nos acompañan, fundantes, hasta nuestros días. Y se resumen en una fuerte defensa de la democracia como forma de gobierno y la idea de que la misma sólo ha de realizarse cuando lo institucional o formal va acompañado además por una idea de justicia social. Ahora bien, sabemos que la estrategia de Alfonsín se sintetizó en un trípode conceptual constituido por la idea de democracia participativa, ética de la solidaridad y modernización, tres ideas o conceptos que se observan en ese maravilloso Discurso de Parque Norte del 1 de diciembre de 1985, con sus caracteres prometéicos e iniciáticos respecto del ejercicio de la democracia. En primer lugar porque buscó regenerar la idea del origen y legitimidad del ejercicio del poder en la voluntad de las mayorías – cual ruptura y punto de frontera respecto al proceso de la Dictadura militar – y, en segundo lugar, porque atribuyó un valor medular a la tolerancia frente a las diferencias y el respeto intrínseco a los procedimientos institucionales. Y por último, porque estableció creativamente un nuevo vínculo entre gobernantes-gobernados y Estado de Derecho-Constitución. Corolario de todo lo mencionado, claro está, representa (re)preguntarse si muchas de las ideas allí plasmadas lograron cristalizarse con el tiempo, determinando, sobre todo y desde el punto de vista político, cuáles de los procesos superados y no superados de la democracia nacida y pensada en 1983, en el referido proyecto alfonsinista, pueden encauzarnos en un análisis de lo que falta conseguir, es decir, en el advenimiento de una suerte de nueva concepción de frontera, que configure (también) al mismo tiempo una ruptura con lo malo del presente y una proyección con lo bueno del porvenir. En esa clave se observa este trabajo de Atilio Boron, de los pocos que analizan ese Discurso de Parque Norte que merece mayores exámenes en clave actual, titulado “Los dilemas de la modernización y los sujetos de la democracia”. 28 años y dilemas después y 30 de democracia recuperada.
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