En los bosques del mundo

Fui a los bosques
porque quería vivir a conciencia, 
quería vivir a fondo,
y extraer todo el meollo a la vida, 
dejar de lado lo que no fuera vida, 
para no llegar a la muerte 
y descubrir que no había vivido 
Henry David Thoreau

Sin entrar en cursilerías, siempre me gustó la definición que daba Ernesto Guevara sobre que era el socialismo. El decía que el socialismo podía ser resumido en que era una vida social basada en el amor. Con esa intención, decir amor – o decir en mi caso radicalismo, socialismo, socialdemocracia – es mencionar una empatía social absoluta, colectiva y desinteresada, es decir la radicalización de la regla de oro donde cada cual, sin ninguna funcionalidad escondida, deja de alguna forma de ser, obteniendo al tiempo el increíble resultado final de ser mas (que si mismo). Un ser colectivo y solidario. Como Hegel, al que le corresponde la brillante afirmación que amar es dejar de ser para ser mas, por lo que el amor es la forma más evidente de trascendencia – de “ir mas allá” –, dotando de sentido al finito ser humano que somos todos. Ese ser que nace y algún día morirá. 

Al mismo tiempo, habrá que decir que sin conflicto no hay política. Politizar es conflictuar, de la misma manera que despolitizar es ahuyentar el conflicto. Cuando estén cubiertas todas las necesidades y los seres humanos sean ángeles de conciencia, de amor, de justicia, desaparecerá la política. Mientras ello no ocurra, todo será parte de la política. Por eso es que en el mundo actual, plagado de desigualdades y necesidades de las más básicas, necesitamos más política, no menos. Pero una política que se vincule con el otro carácter vislumbrado, del amor, de lo colectivo, de ser mas sí mismo, no la de lo individual, no la del egoísmo, no la de las mezquindades. Una política que tenga presente las penurias del otro. Y hablando de mi colectivo de la organización social a la que pertenezco, esa política solo puede estar ni más ni menos que en las afueras, que en el espacio amplísimo y rico que existe en los muros por fuera del Partido. 


Es momento de ir más allá. En amor y en política. De ser imprudentemente prudentes. De entender que más política y más conflicto no es sólo (casi exclusivamente) conflicto interno. La política (sólo) como faz interna, como mero conflictualizador de lo interno de un Partido descascarado y con naftalina, pierde de vista todo el aspecto más amplio que está en la riqueza del otro y en lo interno (positivo) que nos cambia cuando lo hacemos. En estos días todo el tiempo muchos sentíamos que estábamos cautivos de un ombligo amplio y renuente a nada más que a mirarse a sí mismo. Uno se sentía preso de inexplicables explicaciones, resumidas en comportamientos individuales, caminos a menos, política contrapolítica. 

Y cuando el peso nos aqueja, nada mejor que irse a los bosques, como la frase de Thoreau, como esa hermosa lección de la Sociedad de los Poetas Muertos, aquel films que reflejaba la historia de siete estudiantes y su profesor de literatura que entusiasmó, conmovió y dio que pensar – todo un logro para una película de Hollywood – a mucha gente. Por eso nos fuimos a los bosques ayer. Con una pequeñez tan trascendente. Hecha precisamente de amor y de política. Como la que hacemos cada vez que vamos a darle ciudadania a los invisibles del mundo cada sabado junto a muchos voluntarios.

Ayer participamos de la construcción voluntaria de 29 casas en el Barrio 14 de Febrero de la Localidad de Longchamps (Partido de Almirante Brown). Esas 29 se suman a más de 200 a construirse el fin de semana del 24 al 27 de mayo por miles de jóvenes voluntarios de la ONG Un Techo para mi País. Robando un rato de nuestros cansancios acumulados para aportar lo ínfimo, pero que se dirige a ser más que si mismo. Solo unas horas de tiempo. Tan poco y cuanto a la vez. Como más de 180 jóvenes que estaban en esa constelación de sur, calles de barro y Conurbano desde hacía 2 días, durmiendo en las instalaciones de la Biblioteca de la Sociedad de Fomento Castelli de Longchamps (Emilio Burgward 1015). 

Fuimos Invitados por Jorge Álvarez y Gonzalo Lantaron a través del IADEPP (www.iadepp.com.ar), nuestra querida organización que viene colaborando desde hace un tiempo, también aquí en Lanús y la zona sur, con Un Techo para mi País. Llegamos con el temor de lo desconocido, sin mucho por buscar, sin mucho que esperar. Nos costó encontrar el sitio. Fango tras fango nos imbuimos con Roxana Dachowker y Mauricio Bianco, los dos que se encapricharon conmigo en esto de ayudar, de salir de si, de ir al bosque del planeta, después de preguntar coordenadas, después de caminar trecho largo hasta las construcciones y las cuadrillas de jóvenes. 

Fue una linda experiencia en casa de Norma, la señora que nos mateo durante nuestra corta estancia de sábado. Norma (en la foto) intenta vivir en esta tierra con su hija. Ambas son de la hermana Paraguay. En su terreno aportamos a construir la casa los tres, junto a más de 10 chicos de la cuadrilla. Tan poco y tanto. 

En lo personal venia de cierres de listas inconclusos y prioridades trastocadas. Ayer, mientras volvíamos cansados pero felices de aportar el ínfimo granito de arena de clavar, serruchar y colocar vigas, nos sentíamos más cerca de la condición de militante, de radical, de socialista, de amor (hacia los otros). Esa que refería arriba, esa de dar más de sí para ser más que uno. 

Mientras regresaba, sin decirle nada a Mauchi y a Roxana que estaban conmigo en el viaje, pensaba que bueno seria a muchos de nosotros hacer esto más a menudo. Qué bueno sería que muchos de nuestros dirigentes se metan más en el barro de los hechos y menos en el de las palabras. Les puedo asegurar que sería una especie de agua bendita, en muchos sentidos, tan necesaria. Entendería más los porqués. Escaparía más a los egoísmos. Brindaría más de compromiso (y sentido) a lo que hacemos. 

Nos prometimos volver, ya por más días, ya por más sentido (y claro compromiso). Como esa regla de oro de la que hablábamos al comienzo: siendo más que nosotros mismos, siendo seres colectivos y solidarios. Porque como decía aquel profesor de literatura que interpretaba Robin Williams en el film nombrado, “soñamos con un nuevo día, cuando el nuevo día no llega. Soñamos con una batalla, cuando ya estamos luchando”. Imprudentemente prudentes. Saliendo de sí mismos. Plus Ultra y Carpe Diem. Aprovechando el día, más allá, siempre.

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